jueves, 11 de junio de 2026

Millennium. Dragón dorado [con perla en llamas] o, 九五之尊 [la supremacía del «nueve-cinco»]


I

Debo a la conjunción de la idea de poder con su representación pictórica la géneis de esta obra. En sus inicios la demoró una vasta polémica sobre el sentido de la ejecución de una creación que "omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos observadores  -a muy pocos observadores- la adivinación de una realidad atroz o banal"  [Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, El jardín de senderos que se bifurcan (1941) de Jorge Luis Borges].

II

La obra es el resultado del estudio sobre las figuras y lemas que representan el poder, que llega hasta el dragón amarillo central del denominado Muro de los Nueve Dragones de Beihai (Pekín) como inspiración, y en este caso núcleo simbólico de la obra. 

En la antigua China, el amarillo era el color exclusivo del emperador. Las vestimentas del "Hijo del Cielo" y los tejados de sus palacios más importantes eran amarillos, por lo que el dragón de este color simboliza directamente la máxima autoridad imperial. 

En China existen al menos tres muros con la representación simbólcia de los Nueve Dragones. 

El más antiguo es el Muro de Datong (Shanxi), construido a finales del siglo XIV, en los inicios de la Dinastía Ming.  Además, en Pekín, existen dos más. Uno situado en el Parque de Behiai, que fue construido en el año 21 de la era Qianlong que corresponde a la dinastía Qing (1756 d.C.). El otro se ubica en la Ciudad Prohibida, y data de 1772 también durante la misma dinastía. De los tres solo este último tiene dragones en la cara frontal y en la posterior. 

Por lo que respecta al dragón amarillo, al estar en el centro de la composición representa el lugar del emperador como el "eje del universo", el punto más importante alrededor del cual gira todo lo demás. 

El concepto más importante es el de «dignidad» o «poder» del «nueve-cinco». El dragón amarillo es el «quinto» contando desde cualquier extremo del muro. Por otra parte, el número «nueve», que representa el el total de dragones) es el mayor de los números «yang» (masculinos, impares), y el «cinco» está en el centro de esa secuencia. Juntos, forman la cifra «Nueve-Cinco» (九五), un término exclusivo para designar al Emperador. En la obra puede hallar una referencia a esta cifra «Nueve-Cinco» (九五), en las espirales que a modo de rosas componen una imagen alegórica del universo que rodea el orbe o planeta y su satéite. 

III

En la mitologia China, el dragón y la perla son insdisociables pues la perla ademas de su valor material como recompena simbólica representa  el poder, el conocimiento,  la sabiduría y la buena fortuna que el poder del dragon protege y representa 

IV

Para Nietzsche la voluntad de poder es el carácter fundamental de todo lo que existe. Y así dirá que «este mundo es un monstruo de fuerza, sin principio ni fin ; es una suma fija de fuerza dura como el bronce, que no se hace más grande ni más pequeña, que no se gasta, sino que se transforma, y cuya totalidad es una magnitud invariable, una economía sin gastos ni pérdidas, pero también sin incremento; encerrada dentro de la «nada» como su límite, sin ninguna cosa flotante, sin desgaste sin extensión infinita, inserta como una fuerza determinada en un espacio determinado y no en un espacio que abarcaría el «vacío»; es una fuerza que se encuentra en todas partes, una y múltiple como un juego de fuerzas y de ondas de fuerza perpetuamente agitadas, eternamente en cambio, en reflujo continuo» (La voluntad de poder, libro II, § 51 y § 54. De la selección de textos En torno a la Voluntad de Poder, Península, Barcelona 1973, p.120-122.]

V

Su complemetaria en el proyecto de representaciones del poder para esta muestra sería "Millennium. El barco de los locos en llamas" a partir de la idea esbozada en un dibujo atribuído a El bosco o a su taller con el mismo título. La creación emplea diversas figuras e imágenes del conjunto de sus obras. A la vez que de Francisco de Goya toma prestada la inspiración de "El coloso" que Manuela Mena atribuyó en 2008 al pintor Asensió Juliá. Las personas que custodian las obras del Prado no dudan en señalar al visitante que las interroga sobre la polémica que fije atentamente su mirada en figuras señeras. Una de ellas, la del novillo, que tanto semeja las que el maestro estampó en su Tauromaquia, por señalar siquiera una de las más evidentes.


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