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sábado, 23 de enero de 2010

Die Weise Band (2009)

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes y dirigida por Michael Hanneke, la cinta discurre en torno a los acontecimientos imprevistos que perturban la vida de un pueblo protestante en el norte de Alemania en 1913. Son los años previos a estallido de la Primera Guerra Mundial. En medio de esos hechos, el maestro de escuela observa, investiga y descubre la verdad.

Lo que se reconstruye son los recuerdos del profesor, que en aquel tiempo llegó al pueblo para dar clase por primera vez en su Escuela.  Ese personaje permite al autor juzgar el modelo educativo y moral que gobierna esta sociedad. La sorpresa del maestro le va abriendo un camino hacia el horror que, en el fondo, es la intención a transmitir por el director en esta película. Hacer paralelismos que reflejen causas y efectos queda para el espectador.


La infancia se ha identificado como la edad de la inocencia.  El director afirma que "dado que todos fuimos niños alguna vez, tenemos una gran responsabilidad hacia ellos". Esa manera de contextualizar los hechos,  ayuda a Haneke a entender y a explicar las acciones más bárbaras del hombre no como una excepción, sino como una consecuencia. Y en La cinta blanca aplica esa máxima a una ideología extrema como el nazismo. "Quería una historia situada en Alemania sobre el fascismo. Y me interesó mucho esta generación de niños que luego se hizo adulta en el periodo del ascenso de los nazis al poder", explicaba. Durante la infancia, la carencia de una capacidad crítica y la imposibilidad de poner en entredicho esas maneras, los ponen al servicio del fanatismo. La cinta blanca, que da título a la película, hace referencia al lazo que los padres les imponían a sus hijos en el brazo o en el pelo tras una acción reprobable. Este símbolo permanecía visible hasta que los hijos volvían a ganar la confianza perdida. La educación familiar transmite unos ideales, quizá correctos desde el punto de vista de los padres, pero impuestos a los hijos a través de la violencia y el concepto de culpabilidad. Otra parte del guión deambula por la senda de la religión y la profecía.

JL. Rubio-Mayoral / 10

jueves, 12 de noviembre de 2009

Amarcord (Mis recuerdos)

Cierto que a su manera, los tópicos quedan descritos con sutil destreza. Los actores ponen lo suyo pero el maestro queda estampado en fiel reprografía. Los que vivieron la enseñanza en la primera mitad del pasado siglo quizá identifiquen buena parte de estos rasgos. La escena comienza en el patio de aquel centro. Los profesores aguardan la entrada coral de sus pupilos. Todos formarán parte de una de más de las imágenes que el pasado nos legó. Maestros y discípulos unidos para la posteridad en una imagen de conjunto coordinada por el fotógrafo. A continuación Fellini no duda en hacer pasar por la tarima cada una de las personalidades peculiares de esos docentes, atendiendo al público de las bancas, formado por el más heterogéneo prototipo de estudiante. Fellini nos lega un fragmento impagable al retratar sus maestros y su escuela en Amarcord. 




Los diálogos de las escenas son el correlato del buen hacer de actores y directores. El ir y venir del "péndolo", el equilibrio del porfesor con la ceniza del cigarrillo en medio del interrogatorio sobre Agripina, o el bizcocho de Giotto, son los pretextos de Fellini para decirnos como fue su formación, y también sus maestros y su escuela. En España hay referencias en Viva Hazaña, y también en La Lengua de las Mariposas, basada en el relato de Rivas.




En Hollywood el perfil docente de algún héroe reconocido, semeja el prototipo de  Indiana Jones, encarnado en Harrison Ford en su papel de profesor de Arqueología. También hubo un Club de los Poetas Muertos, y su "Carpe Diem".  Aprovechad el momento... Haced que vuestra vida sea extraordinaria.