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sábado, 14 de diciembre de 2013

Para la historia de la Universidad de Sevilla

Inauguración de la exposición Fondos y Procedencias: bibliotecas en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla

imagen noticia
13-12-2013
El 16 de diciembre abre sus puertas al público una exposición del patrimonio bibliográfico de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, a la que concurren más de cuarenta libros impresos y manuscritos, de los siglos XV al XX.
La muestra, que permanecerá abierta en la sala de exposiciones del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla -CICUS-, sito en la calle Madre de Dios, es una selección de los libros de la exposición virtual que, con el mismo título, ha organizado también la Sección de Fondo Antiguo y Archivo Histórico de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Se propone en ambas exposiciones un recorrido por la historia de sus colecciones históricas, desde la época de la fundación del Colegio de Santa María de Jesús, a principiosdel siglo XVI.
Coincidiendo con la inauguración de las exposiciones, la BUS ha publicado un libro que recoge estudios pormenorizados de las diferentes procedencias, así como el catálogo comentado de las obras seleccionadas para la muestra. Todo ello es consecuencia de un trabajo de investigación que han llevado a cabo cuarenta especialistas, en su mayoría de la propia Universidad, coordinado por Eduardo Peñalver Gómez, Jefe de Sección de Fondo Antiguo y Archivo Histórico de la BUS. Este libro se presentará el día 17 de diciembre a las 10:00 h en el Paraninfo de la Universidad.
Portada del Fondos y Procedencias
 La exposición virtual da noticia de doscientos libros de los siglos XV a XX, todos ellos con un comentario breve y el enlace al texto completo digitalizado en el Portal de Fondos Digitalizados de la Universidad de Sevilla.  Sus siete salas cuentan con estudios pormenorizados para las diferentes procedencias. Las dedicadas a los fondos jesuíticos y conventuales presentan, además, sendos estudios generales.

Autor de la noticia: :Dirección de la Biblioteca.

viernes, 19 de marzo de 2010

Bibliotecas de la Universidad de Sevilla


La Biblioteca General de la Universidad de Sevilla quedó años atrás obsoleta, no por fondos o gestión, al contrario, sólo es cuestión de espacio. Injertada en medio de un edificio histórico los responsables de la Hispalense trataron de encontrar un lugar al que trasladar su sede. Sevilla puede presumir de muchas cosas, pero me temo que poco de Bibliotecas, de espacios y edificios, se entiende. Sin duda en este tema la ocupación de la política cultural no es la mejor de las posibles. Se construyó una magnífica, municipal, las hay de distrito, pero Sevilla necesita y merece mucho más y su Universidad la mejor, en esto no puede haber dudas. Por medio, el sito donde asentarla. Del proyecto realizado poco que comentar. Transformará  esa parte de Sevilla, actualizando su arquitectura y llenado de vida el Prado de San Sebastián que ahora tiene tránsito como buena Pasarela. Además, su autora es una de las mejores arquitectas del momento. Seguro que enriquecerá el legado urbanístico de la ciudad. Un edificio nuevo, singular con mucho que ofrecer. A la mitad de los cincuenta, se recuperó la Fábrica de Tabacos que también albergó cuartel de artillería. Antes, cuando se construyeron los palacios de la Exposición Iberomericana del 29, hubo proyectos para ceder buena parte a la Universidad. También Aníbal González llegó a gestar uno dedicado a ella que no pasó del diseño. Después Primo de Rivera, y más tarde la República que fue quien acabó por ceder el edificio central de la plaza de España para el traslado de las Facultades situadas en el edificio de Laraña remodelado alrededor de los años treinta. En la última planta debía ir una residencia. La Guerra Civil, como tantas cosas, se llevó por medio el proyecto. Quedó transformada en la sede de Capitanía. Y así le pusieron a una de las dos terrazas con Bar al aire libre que ocupaba parte de la zona que ahora se quiere dedicar a Biblioteca. La estructura del futuro edificio, se ha asentado en un espacio que tiempo atrás, allá por 1952, quizá fue el que formó parte de los terrenos que en el Prado de San Sebastián cedió el Ayuntamiento a la Universidad con destino a residencia. Pero este tema, como tantos otros, forman parte de la memoria histórica de la Universidad de Sevilla. Esperemos que la amnesia no se lleve también la biblioteca y al final quede en uno más de los muchos  proyectos que engrosan el archivo histórico, contenido por cierto, en el edificio de la Biblioteca General de la Universidad de Sevilla. Hay algunas notas de todo esto dentro de un libro que su directora tituló Ciudad y Saber, y en otro que Trillo de Leyva coordinó desde Arquitectura.

(Notas de trabajo JL. Rubio Mayoral / 10)

Universidad de Sevilla. Biblioteca General y Archivo Histórico

Rectores derribistas de Sevilla


Pongo aquí, ahora que está parada la obra de la Biblioteca del Prado, el artículo de Antonio Burgos, que con el título de Rectores derribistas apareció publicado en ABC.


Rectores derribistas de Sevilla

No hay tratamiento protocolario más pelotillero que el que corresponde a los rectores de Universidad: son «excelentísimos» y «magníficos». Parece que tales tratamientos los hubieran concedido palmeros por sevillanas o agradaores flamencos de Jerez. Hasta el punto de que una señora que le escribió a uno de ellos para pedirle no sé qué para su niño estudiante, encabezó su carta poniendo:

«Estupendo señor rector...»

¿Será por poner títulos de peloteo? Cuando la verdad es que tan magníficos como su nombre indica no son a veces muchos rectores. No era nada magnífico, por ejemplo, el rector Hernández Díaz, que ha pasado a la Historia de Sevilla como el alcalde que autorizó que derribaran la Plaza del Duque. Don José Hernández Díaz, trianero, sí era magnífico como catedrático de Historia del Arte. El poquito Arte que yo sé lo aprendí con él y con sus adjuntos, los dos Antonios, don Antonio Sancho Corbacho y don Antonio de la Banda y Vargas. Hernández Díaz era la máxima autoridad mundial en escultura barroca andaluza y especialmente en Martínez Montañés. Fue el autor del catálogo de las barbaridades contra el patrimonio religioso que cometieron los rojos en Sevilla, las que ahora presentan los capillitas cobardones poco menos que como fuegos producidos por un cortocircuito. Como Bandarán, Romero Murube o Alfonso Grosso, Hernández Díaz fue personaje muy influyente en la vida académica, cultural y civil de Sevilla. Tanto, que lo nombraron alcalde. Y ahí pegó el petardo del siglo.

Con todo su golpe de historiador del Arte, con su bibliografía del libro «Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en la provincia de Sevilla», Hernández Díaz firmó la sentencia de muerte (o sea, la orden de derribo) del Palacio de los Guzmanes y de la Casa Sánchez-Dalp en la Plaza del Duque, a mayor honra y gloria del Cortinglés. Es decir, que se puso en condiciones de que alguien pudiera iniciar con su hazaña el catálogo de «Edificios y obras de arte destruidos por los capitalistas en la provincia de Sevilla».


martes, 2 de marzo de 2010

La república de la cultura. María Moliner. Bibliotecas 5


"Los he engañado a todos. Les he hecho creer que me he olvidado de aquellos años maravillosos, aquel trabajo apasionante en las bibliotecas de la República !Cómo podría olvidarlos si es lo mejor que he hecho en mi vida¡" Convencida de con la idea de Cossío de que "el lugar de nacimiento no puede ser un obstáculo para acceder a la cultura y a la libertad que ella comporta". María no pretendió otra cosa que hacer extensivo la mayor y mejor herencia: la cultura para transformar el país con el arma más poderosas de todas.


María Moliner colaboró en la Escuela Cossío, inspirada en la Institución Libre de Enseñanza, en la que  José Navarro Alcácer junto a su mujer, María Alvargonzález fueron determinantes. María Moliner enseñó en ella Literatura y Gramática, y, además, formó parte de su Consejo Director, como vocal, y de la Asociación de Amigos para su apoyo, como secretaria. Participó en las Misiones Pedagógicas de la República, cuya delegación valenciana presidía Navarro Alcácer con la ayuda fundamental de  Angelina Carnicer. María Moliner se encargó de la organización de las bibliotecas rurales. De hecho, escribió unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas (que se publicaron sin nombre de autor en Valencia, en 1937)  cuya presentación preliminar —«A los bibliotecarios rurales»— constituye un alegarto de la esperanza puesta en la cultura como vehículo para la regeneración de la sociedad.

En esta etapa de su vida ocupó puestos importantes de responsabilidad en el terreno de la organización de las bibliotecas populares. En 1935, en el II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía —el que inauguró Ortega—, había presentado una comunicación con el título «Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España». En septiembre de 1936 fue llamada por el rector de la Universidad de Valencia, el Dr. Puche, para dirigir la Biblioteca universitaria, aunque en plena guerra civil, a finales de 1937, pasó a desempeñar la dirección de la Oficina de Adquisición y Cambio Internacional de Publicaciones, participando en la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico. Sus ideas van quedar plasmadas en el Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado, las cuales se publicarán a principios de 1939.  Por su parte, María Moliner es depurada y sancionada con la pérdida de 18 puestos en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios (que recuperará en 1958). En 1946 pasará a dirigir la biblioteca de la E. T. Superior de Ingenieros Industriales de Madrid hasta su jubilación, en 1970.

JL. Rubio Mayoral/ G. Trigueros Gordillo/10
Fuente:
Centro Virtual Cervantes: María Moliner
Faus Sevilla, Pilar (1990): La lectura pública en España y el plan de bibliotecas de Maria Moliner Madrid, ANABAD.
Las bibliotecas en las Misiones Pedagógicas, por Mariano Boza Puerta y Miguel Ángel Sánchez Herrador.

jueves, 25 de febrero de 2010

La república de la cultura. Bibliotecas 1


La primera disposición del gobierno porvisional de la República fue el Decreto 202, de 29 de mayo de 1931, creando el Patronato de Misiones Pedagógicas. Dependerá del Minsiterio de Instrucción Pública y Bellas Artes, colaborando la Universidad y el Museo Pedagógico Nacional. Se fija como objetivo acercar la cultura, la pedagogía moderna y la educación ciudadana a los pueblos y aldeas del territorio hispano. Fueron diseñadas para aminorar parte de la distancia que separaba al campo de la ciudad.

 Las bibliotecas también formaron parte de esa labor. Blanca Calvo y Ramón Salaverria son los guionistas de esta producción de la Biblioteca Nacional. El reportaje es posible visualizarlo completo, aunque optamos por hacerlo en fragmentos que permiten un estudio más detallado de su contenido. El primero de ellos comienza con una semblanza de Juan Vicens. Era inspector de Bibliotecas de Misiones Pedagógicas, y de las Bibliotecas Municipales creadas durante la II República. En sus años de formación pasó por la Residencia de Estudiantes. Recorrió más de cien pueblos y aldeas en pocos meses, y así pudo descubrir un mundo desconocido y maravilloso. El reportaje habla de Cortegana, de su biblioteca repleta de lectores. También de Jubiles, en medio de las Alpujarras. Aquellos años, la cultura y el conocimiento fueron el emblema y aún constituyen el mejor legado de ese momento.



Pequeñas bibliotecas con obras escogidas recorren los pueblos más remotos y aislados. Más de cinco millares llegan a ser visitados. Todos ellos de población reducida. Abel Paz, María Braña, hablan del poder de la educación, de la cultura como medio de transformación, de "liberación" dirá María Braña. Ella que había sido alumna y más tarde profesora del Instituto-Escuela, colaboradora del Centro de Estudios Históricos también sufrió las secuelas de la guerra, al verse separada de la docencia oficial por el régimen de los vencedores. "Un educador es mucho peor que un tío que lanza bombas" dice Abel Paz. Visto así el tema de la enseñanza se transforma en elemento clave para entender la situación hispana en aquel primer tercio del pasado siglo XX. "Después del trabajo aprende a leer" se alcanza a ver en la pizarra que aparece en el reportaje. La educación era un bien escaso a pesar de que la cultura española andaba inmersa en su edad de plata.
JL. Rubio Mayoral / 10

Referencias:
Puerta, M.B. Las bibliotecas en las Misiones Pedagógicas.
Santonja, Gonzalo: La república de los libros: el nuevo libro popular de la II República. Barcelona : Anthropos, 1989.
La lectura pública en España durante la II República. Catálogo [de la exposición de la Biblioteca Nacional] realizado por Paloma Fernández de Avilés; prólogo Blanca Calvo; colaboración Pilar Faus. Madrid: Dirección general del Libro y Bibliotecas, Ministerio de Cultura, 1991.