jueves, 11 de junio de 2026

Millennium. La nave de los locos, en llamas [Barco infernal]

La obra está basada en un dibujo orginario atribuido a Hieronymus Bosch –El Bosco - o a alguna de las personas del taller, que por otra parte aparece nombrado de maneras diversas como "Fuego en el Barco de los locos" o "El barco de los locos en llamas". También por extensión  se identifica como "El barco del infierno", por aparecer estas naves sobre todo en las tablas dedicadas a la descripción del averno y su entorno. Fue realizado entre1500 y 1520 empleando tinta ferrogáliarcca sobre papel, con unas dimensiones de 17,5 x 15,4 cm. y forma parte de la Colección Gráfica de la Academia de Bellas Artes de Viena.

XI

La nave de los necios o de los locos (en el original alemán, Das Narrenschiff, en su traducción latina, Stultifera Navis) es una obra satírica y moralista publicada en Basilea en 1494 y escrita por el teólogo, jurista y humanista conservador de origen alsaciano y cultura alemana Sebastian Brant (o Brand). Es una sucesión de 112 cuadros críticos (el número puede variar dependiendo de las ediciones) acompañados cada uno con un grabado, en los que Sebastian Brant critica los vicios de su época a partir de la denuncia de distintos tipos de necedad o estupidez. También se ha entendido la obra como una velada crítica a la iglesia de la época (en latín, navis se refiere también a la nave de un templo, y se conoce a la Iglesia Católica como la nave de San Pedro). Tiene una intención didáctica y moralizante

La secuela más conocida es el Elogio de la locura (1509), del humanista Erasmo de Róterdam, quien conocía la obra de Brant (recordemos la identidad entre locura y necedad que preside las concepciones de la época). La influencia de Brant llega a Rabelais o más recientemente al estudio de la necedad formulado en el célebre ensayo del economista italiano Carlo Maria Cipolla titulado Allegro ma non tropo. Michel Foucault dedicó a este libro el primer capítulo de su Historia de la locura en la época clásica y lo relacionó con auténticos barcos de dementes que navegaban por los canales de una ciudad a otra. El pintor el Bosco recreó en un cuadro su propia nave de los locos. [Ver reseña en la página de la Universidad de Sevilla ]

XII

Pio Baroja, escribió La nave de los locos, en la que se puede leer: 

«PRIMERA PARTE

EN BUSCA DE CHIPITEGUY

I

LA NAVE DE LOS LOCOS

Entre las estampas del almacén de Chipiteguy, Alvarito había visto algunas con este título genérico: La Nave de los Locos.

Eran grabados en madera de la obra célebre en su tiempo, hoy ilegible e insoportable, del estrasburgués Sebastián Brandt, o Brant, publicada primero en alemán, en Basilea, con el título Das narren schiff, y luego en latín, en Lyon, rotulada Navis stultifera mortalium.

Durante el siglo XVI, La Nave de los Locos, del poeta didáctico y aburrido de Estrasburgo, debió parecer ligera y amena a los lectores y sus varias ediciones corrieron por la Europa Central. La mayoría de estos libros se hallaban ilustrados con grabados en madera.

Entre las estampas guardadas por Chipiteguy de La Nave de los Locos las había muy viejas; algunas eran de Holbein y del Bosco. En todasp. ellas se comentaban las palabras atribuidas a Salomón y traducidas al latín: Stultorum infinitus est numerus.

Chipiteguy comentaba con fruición estas láminas y las consideraba de gran enseñanza y filosofía.

La Nave de los Locos, el carnaval o carro naval, símbolo de la gran locura de los mortales, era el barco de la humanidad, que marcha por el mar proceloso de la vida, y en el cual se albergan los mayores disparates.

La Nave de los Locos era la feria de todo el mundo, de Gracián; la feria de todo el mundo, en donde todo el mundo va de cabeza.

La Nave de los Locos podía contener los tripulantes de este planeta absurdo, que gira como un trompo alrededor de sí mismo y alrededor del sol, quien también marcha de cabeza a la constelación de Hércules, no sabemos con qué inconfesables fines.

Hermana en intención de las Danzas de la Muerte, así como estas querían demostrar la igualdad de los hombres ante el sombrío esqueleto, con su guadaña y su reloj de arena, La Nave de los Locos quería probar la universalidad de la tontería y de la estulticia humana y el reino absoluto de la Dama Locura.

Grandes y pequeños, altos y bajos, reyes y mendigos, próceres y menestrales, sabios e ignorantes, santos y casquivanas, gentes de cerebro eruptivo y ardiente, como el cráter de un volcán, y gentes de cráneo sólido, como hecho de hierro colado y relleno de cemento, entraban a bordo de este barco. Todos los animales bípedos, adornados con coronasp. 53 o monteras, cachuchas o sombreros de copa, se alistaban, por un motivo o por otro, en la turba de los estultos.

Esta acusación de estulticia absoluta y nouménica a nadie podía ofender, y La Nave de los Locos era, al mismo tiempo, el martes de Carnaval y el miércoles de Ceniza, la risa loca y pánica de las lupercales y el polvo en la frente de las iglesias cristianas.

En las estampas aparecía la Dama Locura, siempre muy guapa y sonriente, con su gorro de dos puntas, terminado en dos cascabeles; unas veces, predicando desde el púlpito; otras, arrodillada en la iglesia; otras, marchando en el carro con alegres compadres y mentecatos sonrientes; otras, yendo en una barca a Narragonia (el país de la locura; en alemán macarrónico) con los locos del olfato, del gusto y de la vista.

La Nave de los Locos era la alegoría de las estupideces de los hombres, el anfiteatro de las monstruosidades, el estanco de los vicios, en donde se exhibían la maldad, la perversidad, las manías diversas y todas las manifestaciones más o menos alegres de la mentecatez y de la gran tontería humana.

Para Chipiteguy era indudable, como para su paisano Sebastián Brant, que la Dama Locura andaba suelta por el mundo.»

 


Millennium. Dragón dorado [con perla en llamas] o, 九五之尊 [la supremacía del «nueve-cinco»]


I

Debo a la conjunción de la idea de poder con su representación pictórica la géneis de esta obra. En sus inicios la demoró una vasta polémica sobre el sentido de la ejecución de una creación que "omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos observadores  -a muy pocos observadores- la adivinación de una realidad atroz o banal"  [Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, El jardín de senderos que se bifurcan (1941) de Jorge Luis Borges].

II

La obra es el resultado del estudio sobre las figuras y lemas que representan el poder, que llega hasta el dragón amarillo central del denominado Muro de los Nueve Dragones de Beihai (Pekín) como inspiración, y en este caso núcleo simbólico de la obra. 

En la antigua China, el amarillo era el color exclusivo del emperador. Las vestimentas del "Hijo del Cielo" y los tejados de sus palacios más importantes eran amarillos, por lo que el dragón de este color simboliza directamente la máxima autoridad imperial. 

En China existen al menos tres muros con la representación simbólcia de los Nueve Dragones. 

El más antiguo es el Muro de Datong (Shanxi), construido a finales del siglo XIV, en los inicios de la Dinastía Ming.  Además, en Pekín, existen dos más. Uno situado en el Parque de Behiai, que fue construido en el año 21 de la era Qianlong que corresponde a la dinastía Qing (1756 d.C.). El otro se ubica en la Ciudad Prohibida, y data de 1772 también durante la misma dinastía. De los tres solo este último tiene dragones en la cara frontal y en la posterior. 

Por lo que respecta al dragón amarillo, al estar en el centro de la composición representa el lugar del emperador como el "eje del universo", el punto más importante alrededor del cual gira todo lo demás. 

El concepto más importante es el de «dignidad» o «poder» del «nueve-cinco». El dragón amarillo es el «quinto» contando desde cualquier extremo del muro. Por otra parte, el número «nueve», que representa el el total de dragones) es el mayor de los números «yang» (masculinos, impares), y el «cinco» está en el centro de esa secuencia. Juntos, forman la cifra «Nueve-Cinco» (九五), un término exclusivo para designar al Emperador. En la obra puede hallar una referencia a esta cifra «Nueve-Cinco» (九五), en las espirales que a modo de rosas componen una imagen alegórica del universo que rodea el orbe o planeta y su satéite. 

III

En la mitologia China, el dragón y la perla son insdisociables pues la perla ademas de su valor material como recompena simbólica representa  el poder, el conocimiento,  la sabiduría y la buena fortuna que el poder del dragon protege y representa 

IV

Para Nietzsche la voluntad de poder es el carácter fundamental de todo lo que existe. Y así dirá que «este mundo es un monstruo de fuerza, sin principio ni fin ; es una suma fija de fuerza dura como el bronce, que no se hace más grande ni más pequeña, que no se gasta, sino que se transforma, y cuya totalidad es una magnitud invariable, una economía sin gastos ni pérdidas, pero también sin incremento; encerrada dentro de la «nada» como su límite, sin ninguna cosa flotante, sin desgaste sin extensión infinita, inserta como una fuerza determinada en un espacio determinado y no en un espacio que abarcaría el «vacío»; es una fuerza que se encuentra en todas partes, una y múltiple como un juego de fuerzas y de ondas de fuerza perpetuamente agitadas, eternamente en cambio, en reflujo continuo» (La voluntad de poder, libro II, § 51 y § 54. De la selección de textos En torno a la Voluntad de Poder, Península, Barcelona 1973, p.120-122.]

V

Su complemetaria en el proyecto de representaciones del poder para esta muestra sería "Millennium. El barco de los locos en llamas" a partir de la idea esbozada en un dibujo atribuído a El bosco o a su taller con el mismo título. La creación emplea diversas figuras e imágenes del conjunto de sus obras. A la vez que de Francisco de Goya toma prestada la inspiración de "El coloso" que Manuela Mena atribuyó en 2008 al pintor Asensió Juliá. Las personas que custodian las obras del Prado no dudan en señalar al visitante que las interroga sobre la polémica que fije atentamente su mirada en figuras señeras. Una de ellas, la del novillo, que tanto semeja las que el maestro estampó en su Tauromaquia, por señalar siquiera una de las más evidentes.