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miércoles, 14 de abril de 2010

14 de Abril

En 1931 se agotaba un período de la historia política hispana dando paso a la primera transición hacia un modelo de democracia parlamentaria sin presencia de la monarquía. Los resultados de las elecciones municipales daban paso a una República con demasiados problemas pendientes y no pocos apuros económicos e ideológicos. Uno de los más importantes, la enseñanza. El Estado apenas se había ocupado de ella, si bien durante el periódo de Dictadura se había emprendido una significativa labor de construcciones escolares en la idea de elevar la cultura del pueblo y dismuir la lacra de analfabetismo que caracterizaba a la población hispana. Si el Estado renuncia o no es capaz de hacer frente a sus obligaciones, la inciativa privada es la única capaz de dar satisfacción a la rala demanda privada de educación. Años de abandono llevaron a la población a un estado de incultura y analfabetismo patético. La enseñanza se convertía en un bien al alcance de unos pocos. La enseñanza media se concentraba en capitales de provincia o poblaciones singulares por su trama económica y social. Consituido el primer Gobierno de la flamante república, Miguel de Unamuno, es designado presidente del Consejo de Instrucción Pública. El primer ministro, Marcelino Domingo, le traslada de inmediato la necesidad de elaborar una ley de educación que tuviera por finalidad la de “instituir la escuela única en España”. En la segunda transición política, la realidad se superponía al deseo, y el artículo 27 de la Constitución de 1978, estampa con esmero quirúrgico los delicados principios que han de regir el sistema de enseñanza, adaptándose a una realidad desarrollada con diplomacia "vaticana" y realismo Keynesiano en la LODE.



En 1931 la "escuela única" anula al resto de condicionantes. Bien pensado, esa escuela, con independencia de su gestión, había de estar con el nuevo modelo de gobierno, y contribuir sin reticencias o enfrentamientos inútiles al fin de la extensión de la cultura a toda la sociedad. El Estado, desde una perspectiva financiera, no estaba en condiciones económicas ni políticas factibles para reconstruir por completo esa compleja realidad. Guiado por las ideas, Marcelino Domingo le pide a Unamuno, que elabore un anteproyecto basado en la “instrucción primaria gratuita, obligatoria y laica, en la igualdad de clases y sexos en la instrucción y educación, en la selección de los mejor dotados sin consideración de fortuna, y en la cultura completa y gratuita de ellos como medio único de elevar el país moral, intelectual y económicamente”. El Consejo encargó a Lorenzo Luzuriaga la elaboración de unas bases para el anteproyecto de ley, concretadas en estos puntos:

“1. La educación pública es esencialmente función del Estado. No se excluye, sin embargo, a la enseñanza privada, siempre que ésta no persiga fines políticos o confesionales partidistas.
2. La educación pública es laica o extraconfesional. Si las familias de los alumnos lo solicitaran, el Estado podrá facilitar medios para la educación religiosa fuera de la escuela (subvenciones a sacerdotes, libros, locales, etc.).
3. La educación pública es gratuita.
4. La educación pública tiene un carácter activo y creador. Se organizarán con carácter permanente cursos de perfeccionamiento para los maestros y profesores en ejercicio.
5. La educación pública tiene un carácter social. Han de atender a todas las necesidades educativas del niño, del joven y del pueblo. (…) Los centros educativos han de ser también verdaderas comunidades sociales,, implantándose en ellos, en la medida de lo posible, la autonomía de los alumno, llamando a colaboración los padres, estableciendo relaciones con las entidades profesionales y culturales de la localidad, etc., para dar una mayor vitalidad a la educación.
6. La educación pública atiende por igual a los alumnos de uno y otro sexo. Para ello, es esencial el establecimiento de la coeducación en todos los grados de la enseñanza.
7. La educación pública constituye una unidad orgánica. Dentro de ella existen tres grados esenciales íntimamente relacionados de suerte que pueda pasarse fácilmente de unos a otros.
8. La educación pública atenderá a la cultura de los adultos.
9. El Magisterio de todos los grados de la educación constituye un todo orgánico. a) Preparación equivalente, no igual, la más alta posible para todos los docentes. Los profesores secundarios y universitarios recibirán también una preparación pedagógica, de la que hoy oficialmente carecen. c) Una remuneración equivalente, en cuanto se trate de la función exclusivamente docente y no de la científica o de investigación, que se pagará aparte”.

Notas de trabajo. Rubio Mayoral / 10

miércoles, 27 de enero de 2010

Scrabble legislativo



ANA MARTÍN PLAZA - MADRID
27.01.2010 - 10:25h

La LGE, la LODE, la LOGSE, la LOCE, la LOE... La educación en España ha sido siempre un campo minado para el debate político e ideológico. Un terreno trufado de siglas. En 30 años de democracia, ninguna de las leyes educativas se ha aprobado por consenso.

En total, han sido 11 leyes, ocho de enseñanzas no universitaria y otras tres de formación superior. Siempre han contado con los votos en contra de la oposición de turno.

Para intentar acabar con esta situación, el Gobierno ha propuesto un Pacto de Estado Social y Político por la Educación. El ministro Ángel Gabilondo abrió la ronda de contactos políticos a finales del pasado mes de septiembre con el Partido Popular.

Este miércoles, 27 de enero, se reúne con los consejeros de Educación de toda las comunidades autónomas, que ya le han enviado por escrito sus propuestas. El Ministerio pondrá sobre la mesa su centenar de propuestas.

Cada Gobierno ha sacado adelante su ley al llegar a La Moncloa aunque sólo han llegado a las aulas las impulsadas por el PSOE. El PP aprobó la Ley de Calidad para sustituir a la LOGSE, pero nunca llegó a aplicarse. Cuando Rodríguez Zapatero llegó al poder en 2004 derogó sus puntos más polémicos.

La norma 'popular' acabó siendo sustituida por la actual, la Ley de Educación (LOE), que terminará de implantarse en todos los niveles educativos en 2011, si antes no la cambia nadie.

La educación es uno de los puntos en los que los partidos políticos siempre proponen cambios legislativos en sus programas electorales. En las elecciones de 2008, por ejemplo, el líder del PP, Mariano Rajoy, aseguró que si ganaba eliminaría la polémica Educación para la Ciudadanía.

Sin el acuerdo de los dos grandes partidos no habrá Pacto por la Educación. Los más de 30 años de democracia sin acuerdo en esta materia son la mejor prueba.

Dos décadas con EGB y BUP

Hasta la implantación de la LOGSE, en el curso 92-93, todos los alumnos españoles estudiaban Educación General Básica (EGB) hasta los 14 años. Luego, si querían seguir estudiando, podían optar por el BUP y después el COU para ir a la universidad, o por la Formación Profesional para aprender un oficio.

Este esquema de niveles educativos se implantó en los últimos años del franquismo con la Ley General de Educación (LGE), que entró en vigor en agosto de 1970. Esta norma introdujo el concepto de evaluación continua y estableció un sistema de becas.

Las leyes educativas en democracia

Ya en democracia, y hasta el año 2006, se han aprobado ocho leyes de enseñanzas no universitarias. Tres de ellas incluían profundas reformas de los niveles educativos, aunque sólo entraron en vigor las dos socialistas: la LOGSE y la LOE.

La LOGSE (1990-2002)

La Ley orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) (Ley 1/1990) acabó con la antigua EGB y supuso la ampliación de la enseñanza obligatoria de los 14 a las 16 años dividida en: Educación Infantil (0 a 6 años), Educación Primaria (6 a 12) y Eduación Secundaria Obligatoria, la ESO, (12 a 16 años).

La LOGSE también establece un nuevo Bachillerato de los 16 a los 18 años, que sustituye al antiguo COU, y regula los ciclos de grado medio de Formación Profesional que reemplazan a la antigua FP1.

La nueva ley también estableció la reducción de 40 a 25 alumnos el número máximo por clase y los profesores especializados para asignaturas como idioma, música o educación física.

Redujo el horario de Religión y convirtió su alternativa, Ética, en "estudio asistido o vigilado". Ninguna de las dos opciones tenían repercusión en la nota. En 1994 el Tribunal Supremo anuló el estudio asistido como alternativa a la Religión, que quedó como materia evaluable pero no computable y optativa para el alumno, informa EFE.

La LOGSE comenzó a aplicarse en el curso 92-93 y se completó en el curso 2000/2001.

La Ley de Calidad o LOCE (2002)

La LOGSE no llevaba ni dos años completamente implantada en todos los niveles educativos, cuando el Gobierno del Partido Popular sacó adelante, con el apoyo de Coalición Canaria, la Ley de Calidad de la Educación (LOCE). El Congreso de los Diputados la aprobó el 19 de diciembre de 2002, pero su aplicación fue demorada dos años por el nuevo Gobierno socialista.

Rodríguez Zapatero derogó sus aspectos más polémicos: la introducción de itinerarios en la ESO y el Bachillerato; los refuerzos para alumnos con dificultades en matemáticas e inglés, incluso con desdoblamiento de las aulas; la Prueba General de Bachillerato, una especie de reválida; y la conversión de Religión, o su variante laica (Hecho Religioso) en una asignatura evaluable y computable para nota media.

El nuevo Ejecutivo mantuvo otros aspectos de la LOCE como el carácter voluntario de la educación de los tres a los seis años y la obligación de repetir curso en la ESO si se suspendían más de dos asignaturas.

Ley Orgánica de Educación o LOE (2006)

El Gobierno socialista sacó adelante la LOE el 6 de abril de 2006 para sustituir a la nunca en vigor LOCE. Votaron a favor los diputados del PSOE, ERC, PNV, IU-ICV y CC. El PP votó en contra, CiU y tres diputados del Grupo Mixto se abstuvieron.

Esta nueva norma, que comenzó a aplicarse el curso 2007-2008, crea la polémica asignatura Educación para la Ciudadanía y mantiene la Religión como asignatura de obligado ofrecimiento pero optativa para los alumnos.

Establece tres modalidades de Bachillerato (Artes, Ciencia y Tecnología, y Humanidades y Ciencias Sociales) con materias comunes como Ciencias para el Mundo Contemporáneo, Filosofía y Ciudadanía. Se pasará de curso con dos suspensos como máximo como regla general.

Se adelanta la enseñanza de inglés a los tres años y la Educación Infantil sigue siendo voluntaria y gratuita de 3 a 6 años. En cuarto de Primaria y Segundo de ESO se establecen evaluaciones de diagnóstico.

Al margen de estas tres leyes, ha habido otras leyes de educación no universitaria en los últimos 30 años que han regulado otros aspectos importantes.

- La Ley Orgánica del Estatuto de Centros Escolares (LOECE), en vigor entre 1980 y 1985, introduce el modelo democrático de organización de los centros. Recogió la existencia de las Asociaciones de Padres de Alumnos, las APA's.

- Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación (LODE) (1985-1990). Regula la escuela concertada y crea los consejos escolares. Esta ley es modificada en 1999.

- Ley Orgánica de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG) (1995). Da más autonomía a los centros, crea un nuevo cuerpo de inspectores, amplía de tres a cuatro el mandato de los directores, obligó a los concertados a admitir a alumnos de minoría sociales y permitió hasta el año 2000 la jubilación anticipada a los 60 años.

- Ley Orgánica de las Cualificaciones y de la FP (LOCFP) (2002) regula la Formación Profesional.

martes, 19 de enero de 2010

Una Nueva Ley de Educación- Julio Carabaña- 2006

Decía Julio Carabaña en las páginas de Claves de Rañzón Práctica que salvo catástrofe habría "una nueva Ley Orgánica de Educación (que será conocida por las escuetas siglas LOE), cuyo texto ha sido aprobado por el pleno del Congreso y remitido al Senado en diciembre de 2005. Formalmente, vendrá a sustituir a la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE), promulgada en 2002. Pero como esta ley nunca entró en vigor, a la que realmente va a reemplazar es a la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), que data de 1990.
Lo primero que quizá haya que decir de la LOE es que resulta tan innecesaria jurídicamente como su antecesora. La primera ministra de Educación del PP, Esperanza Aguirre, pudo sin dificultad, o bien haber parado la aplicación de la ley antes de que se aplicara a las enseñanzas medias o bien ha- ber articulado mediante decretos una inter- pretación distinta de la ensayada por los socialistas. No hizo ninguna de las dos cosas, dice que por falta de acuerdo con sus socios de Gobierno nacionalistas. Su sucesora, Pilar del Castillo, ya con mayoría absoluta en las Cortes, anunció de inmediato que lo cam- biaría todo a golpe de leyes, y a ello se aplicó. ¿Por qué mediante leyes y no mediante decretos? ¿Por qué por el largo, pesado y arriesgado camino de la Ley Orgánica? Quizá parezca preferible una mastodóntica ley a un leve decreto porque resulte a la larga políticamente más rentable. Si bien la ley per mite gritar mucho a la oposición, también permite gritar mucho al Gobierno. Con una ley se tiene más presencia en los medios, se compromete más a todo el Gobierno, al grupo parlamentario y al partido. Además, una ley suele tener un calendario de aplicación tan dilatado que deja para los sucesores la enojosa tarea de ejecutarla. La función de este tipo de leyes es más expresiva que instrumental. Sirven para afirmar la identidad de los partidos en estos blandos tiempos que de su antecesora la LOCE, pero aún así le suma más texto que le resta. El preámbulo, desde luego nuevo, es particularmente farra- goso. Las partes referidas a principios y fines se repiten y multiplican en cada nivel de en- señanza hasta agotar el aliento. La LOGSE añadió a los fines de la LODE (Ley Orgáni- ca del Derecho a la Educación, 1985) 11 principios. La LOCE no mencionó fines pero añadió un principio y un capítulo entero de derechos y deberes de padres y alumnos. La LOE deja fuera los derechos y deberes pero añade cuatro fines a los de la LOGSE y cinco principios a los de la LOCE. En total, los padres de la patria ordenan a los profeso- res perseguir 11 fines rigiéndose por 17 principios, todos ellos generales. Uno de los fines nuevos es el respeto a los seres vivos y al medio ambiente, especialmente a los espa- cios forestales. En la educación primaria se precisa como “conocer y valorar los animales más próximos al ser humano y adoptar mo- dos de comportamiento que favorezcan su cuidado”, (artículo 17, l), cláusula que pre- juzga, con ligereza no exenta de temeridad, una valoración positiva de todo bicho que se arrime al cuerpo. Venga a cuento más o menos, se ha metido por todas partes la tole- rancia, la resolución pacífica de los conflictos, la igualdad de hombres y mujeres y la Ley Integral de Violencia de Género. En contraste con esta sobreabundancia declarativa, las partes normativas pueden ser a veces sorprendentemente parcas. Hay, por ejemplo, 14 objetivos del bachillerato, entre ellos la educación vial (por cierto, que en exclusiva: como si los bachilleres fueran especialmente peligrosos en la vía pública), pero las materias de sus tres modalidades se dejan to- das al criterio de las administraciones educativas. La exuberancia retórica no es vacuidad pura. Refleja también derivas reales. La más importante es la que se ha producido desde la enseñanza a la educación"